


Al ver los primeros saqueos en Concepciôn confirmo la idea que el juego de la sociedad està quebrado. Pero desde antes del temblor. No me produce niguna làstima que las grandes cadenas de supermercados sufran impotentes el pillaje. Se argumenta que los condenables no son quienes roban los vîveres, sino los que arrancan con lavadoras, televisores plasma y alcohol; pero no olvidemos que ladrôn que roba a ladrôn, tiene cien años de perdôn. La situaciôn se vuelve terrible cuando las casas son desvalijadas. Està todo quebrado por los suelos, y los engranajes de la vida estàn desconectados. El terremoto no distingue en su movimiento, distingue en el grado de afectación.
Los polîticos con los años han adoptado la costumbre de entregar una imàgen de pleno control de las situaciones. Una soberbia calculada por el juego partidista, y para dar al extranjero una imàgen de seriedad que en este minuto se desmiente. Algo de bueno hay en ver al ministro de Defensa diciendo que “hubo un error” en las operaciones e informaciones de su impecable marina. O al futuro ministro del Interior afirmar que el temblor no cambiaba en nada el (tantas veces oîdo) programa de gobierno, para prontamente ser contradecido por Piraña quien reconoce que es imposible negar las variaciones del famoso programa. Dicha soberbia sigue intacta, pese a que la alarma es innegable.
Las prioridades cambian con el avance de los dîas. Sebastiàn Piraña tiene que reconstruir los estragos de este cataclismo, justo en el momento que su diseño de Chile empezaba a tomar forma. Qué esperar para cuando empiecen los paros, huelgas y movilizaciones. Es difîcil pensar, aùn no pasa el estado de schock.
