mars 04, 2009

Girona, entre Pompeyo y Bolaño.




Roberto Bolaño pasó sus días de adultez en Cataluña, en un pueblucho llamado Blames cerca de Girona. Tras haber hecho trabajos como vendedor o cuidador de un camping, finalmente terminó por vivir de los ingresos de sus escritos. Aparte de sus novelas y cuentos magistrales, de su pluma nacieron muchas columnas y comentarios breves publicados en dos diarios: uno chileno, Las últimas noticias (cuyo segmento literario no es para nada terrible, comparado con el resto del contenido de dicha publicación) y otro catalán, el Diari de Girona.
Girona es una ciudad antiquísima que, bien podríamos decir, ha sufrido todos los embates de la historia ibérica. Desde las guerras de Pompeyo en Hispania, pasando por las sutilezas visigodas y árabes, hasta la imposición franquista.
Hasta allí se traslado nuestra camara viajera, en un soleado día de invierno, guiándonos por sus calles y empedrados. Estando y yendo, pudimos visitar su iglesia de estilo único, que data de la época bajomedieval y moderna, sus largas escaleras (al estilo Potemkin) y los hermosos puentes que unen los dos márgenes de la ciudad. Su amurallado, que acogió nuestra caminata y nuestro vuelo medievalista, fue comenzado por el mismisimo general romano.